En Libia, el Ramadán es más que un mes de ayuno; es una ocasión en que se renuevan los lazos familiares y se recuperan los valores originales, que reflejan la profundidad y cohesión de la sociedad libia.
Los libios comienzan a prepararse para el Ramadán a mediados del mes de Shaabán. Compran todas las necesidades, limpian sus hogares y adquieren las materias primas para preparar dulces. En Libia, las casas y mezquitas se adornan con faroles de colores, y se organizan exposiciones para mostrar los artículos de este mes bendito. Las familias preparan una variedad de platos para la mesa del Ramadán, dependiendo de la región y la ciudad.
La mesa libia se distingue por su variedad de platos entre el este y el oeste. Los libios rompen su ayuno con la Shorba libia, una sopa de caldo de carne y verduras, acompañada de cilantro fresco, Brik y diversas ensaladas.
En algunas ciudades libias, se celebran juegos populares y veladas nocturnas que se prolongan hasta la hora del Suhoor. La caridad también tiene un papel destacado durante el Ramadán, con campañas para distribuir paquetes de alimentos y organizar iftares colectivos, expresando el espíritu de solidaridad.
Con la proximidad de la fiesta del Eid al-Fitr, comienzan los preparativos para la celebración. Se preparan dulces en casa y se compran ropa nueva para los niños, transformando el Ramadán en una temporada de alegría espiritual y social.
Entre las bebidas famosas del Ramadán se encuentran el Tamar Hindi (bebida de hibisco), el Karkade, el Qamar al-Din y el Jallab. Muchos libios van a las mezquitas para realizar las oraciones de Isha y Tarawih, después de lo cual se dirigen a las mejores veladas nocturnas, que sirven como espacio de interacción social. Parientes y vecinos se reúnen para intercambiar visitas y tomar el té verde libio pesado, que se prepara con esmero y se vierte con su característica espuma.
El té verde es un ritual social acompañado de dulces tradicionales como el Makroudh y el Griha.